Una gran obra para una gran casa

hazmeprecio

¿Quién no ha deseado alguna vez vivir en la playa? Tener una casita súper mona en primera línea, como las que salen en las películas americanas que en ocasiones piensas si serán reales o simples decorados. Pues soy la flamante propietaria de una casita en la playa, una pasada, mires a donde mires, ves el mar, hueles el mar, oyes el mar, es indescriptible esa sensación tan placentera que provoca vivir en un sitio así.

La casa todavía no es habitable, ya que un temporal hace unos años la dejo prácticamente en ruinas. Los dueños ya mayores no se quisieron meter en obras de reconstrucción y la pusieron a la venta. Mi amiga Pura que trabaja en la inmobiliaria, me contó que estaba a la venta, que le hacía falta una buena reforma, pero que estaba a muy buen precio ya que querían venderla pronto. Y la compré.

Lo primero mirar presupuestos obras, una vez aceptados los presupuestos empezamos con las obras. A los tejados hay que darles una buena vuelta, cambiar las ventanas y las puertas y arreglar un poco los exteriores. Por lo demás ,según los profesionales, parecía que estaba peor, pero no va a ser para tanto. Es un gran consuelo saber que estará lista antes de lo que me esperaba- Ya me estoy imaginando viviendo allí, le he pedido al maestro albañil que me quite una pared y me ponga un gran ventanal que dé a un porche con acceso a la arena. Lo que os decía tipo película, cuando la protagonista llega a la cocina mira por la ventana y lo ve a él sentado en la orilla. Lo reconozco soy una romántica empedernida, todavía estoy soltera, el trabajo me absorbe todo el tiempo y no me da para conocer a nadie, soy abogada de oficio por lo que tengo más casos de los que quiero pero bueno, mejor así.

Lo primero que haré una vez instalada será montar una fiesta con todos los compañeros y amigos del bufete, pero una fiesta en condiciones, una con catering y dj, una fiesta de la que se esté hablando durante semanas por los pasillos del despacho, y quien sabe, si entre abogados jueces y camareros no conozco a alguien que quiera salir a sentarse en la orilla mientras yo entro en la cocina y lo veo a través del ventanal mientras sirvo dos copas de vino.